• Marco Lari

Buscando Tierra

Camino al norte, entre el actual Puente Peatonal San Pedro y el Cementerio de Zapallal de la carretera Panamericana, en Puente Piedra, rumbo al mar, se encuentran mis primeros cerros recorridos en compañía de mis papás, mis numerosos hermanos, primos y tíos. Solíamos ir a la chacra de mi abuelo Victorio, donde aprovechábamos para andar por los cerros, jugar con la tierra, subir árboles para cosechar moras o recogerlas de la tierra para comerlas de una, y meternos al canal de regadío para limpiarlo y hacer navegar barcos de hojas secas. Recuerdo el olor a tierra húmeda cerca al canal donde algunas avispas solían aparecerse para luego salir corriendo buscando el auxilio de alguien cercano.


¡Cuidado, no se acerquen al pozo! Consigna constante que escuchábamos cada vez que jugábamos. Mis abuelos, mis viejos o tíos poniéndonos en alerta para que no nos acercáramos al pozo mal cubierto… Más fácil habría sido ponerle una tapa ¿no?


Una vez que las tripas empezaban a llamarnos, se iniciaba el retorno a casa, parando siempre donde Doña Rosita para comer el mejor bistec apanado con plátano de la isla frito que puedo recordar haber probado, con la infaltable Kola Inglesa destapada -cubierta con una servilleta sobre el pico para que las moscas no contaminen el sabor y el gas se mantenga, esperando el plato de fondo-, sobre una mesa de madera con mantel de plástico grueso blanco con líneas rojas entrecruzadas. Todo este conjunto de momentos únicos se daba al borde de la carretera Panamericana Norte.


Cuando recién pasaba los 10 años de edad, noto que existe La Cantuta del Club Regatas Lima y el infaltable cerro con su Cruz en la cima que se encuentra detrás de los búngalos. La dificultad era mayor que los cerros de Puente Piedra porque la inclinación y las piedras grandes cerca a la cima y el sol en la nuca hacían difícil lograr el objetivo, además de la altura sobre el nivel del mar.


En los 90s conozco el Morro Solar y sus antenas de cerca gracias a la pre temporada con el equipo de futbol al cual pertenecía. Fue la primera vez que corría sin parar con tanta pendiente, piedras en el camino y concentrado pisando seguro para no terminar rodando cerro abajo.


Si todavía no has tenido oportunidad de conocer de cerca los cerros, o han pasado muchos años sin volver a sentir lo que es estar cerca de ellos, te recomiendo que te des un tiempo para hacerlo. A los limeños o visitantes que se encuentran cerca a los distritos de Chorrillos y La Molina les sugiero 2 lugares donde podrán tener una gran experiencia segura para iniciarse en largas caminatas por senderos de tierra o, quien sabe, para que empiecen a correr largas distancias por las aristas de los cerros, iniciándose así en el trail running.


El Morro Solar, con su playa La Herradura, se encuentra al final de la Costa Verde, rumbo Sur, en Chorrillos. En tu primera vez, dirígete hacia la playa La Herradura y observa hacia el Este, hacia el Morro, para que te des cuenta de un lugar perfecto para explorar sin preocuparte de las pendientes. Te sentirás seguro y empezarás a tener confianza en cada paso que des. Poco a poco empezarás a aumentar la dificultad en los senderos y ganarás confianza porque el Morro te guiará por distintas rutas de distintas dificultades con vistas increíbles. Tú primer gran objetivo será… llegar a las Antenas y disfrutar del camino.


Es muy probable que encuentres sol todo el año en el Parque Ecológico de La Molina, y si el sol no lo divisas desde el inicio no te preocupes porque tendrás que entrecerrar los ojos una vez que pases las nubes. Anímate a recorrer el Parque Ecológico, el camino está marcado haciéndolo fácil recorrerlo; y si luego sientes que puedes seguir por las aristas de los cerros, te recomiendo que te orienten antes de seguir porque si hay neblina es fácil perderse.


Disfrutemos de la tierra, recarguémonos de energía con la naturaleza andando con los pies o montados en algún vehículo… sólo acércate a la tierra para que vuelvas así a tus orígenes.