Marco Lari

Nacimos para amar, compartir, hacer que sucedan las cosas, nacimos para potenciar nuestras habilidades y engrandecer lo más maravilloso que hay en el mundo...
 

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MAR BELLA

November 26, 2019

 

En octubre del 2015 llegue a Marbella, me gustó desde los primeros días.  Cuando llegue era temporada baja. No habían tantos turistas o extranjeros que vienen a pasar el verano.  Dicen que Marbella tiene algo especial y que te invita a quedarte. En mi caso me llama el mar, las montañas a la mano y la gente de distintas partes del mundo, siento la libertad de escaparme del ruido de la ciudad en pocos minutos y estar en lo más alto de una montaña corriendo por senderos que te llevan a la cima. 

 

En un día despejado se puede ver nítidamente Gibraltar y África a lo lejos.  Estar entre dos continentes, entre miles de culturas y distintas costumbres hacen que pueda vivir, conocer, disfrutar y soñar con nuevas vidas.

 

 

El casco histórico lleno de pequeñas calles de piedras, paredes blancas y macetas colgadas, contraste rojo y blanco, y contraste cultural.  Distintas miradas, distintos ojos y piel, y distintos olores.  El mar predomina, un paseo marítimo amplio, con muchos locales para tomar unas cervezas y disfrutar del mar.  A 300 metros del paseo marítimo esta la Av. Soriano cubierta de tiendas, negocios, bancos, compañías de seguros, restaurantes y muchos pequeños negocios hacen que tengas un camino distinto y empresarial, como una pequeña capital para los turistas y gente de aquí.

 

Estuve escribiendo cerca al movimiento, ahora sentado en la terraza en un 2do piso, veo Gibraltar a lo lejos, veo mar, escucho pájaros; y las plantas y árboles moverse con sus hojas verdes.  Un viento suave y frío me da en las manos pero mis ojos se calientan con el paisaje…  huele a mar, huele a fresco, huele a vida que nace a cada segundo.  No dejo de escuchar los pájaros cantar pero tampoco los autos pasar. A unos 300 metros está la carretera y mis oídos solo se distraen pero me concentro con los silbidos constantes en armonía.  El mar cambia de tonos azules claros, oscuros, rojizos y blancos.  Es como si millones de peces viajaran hacia el oeste rumbo a América, rumbo a que haga memoria y tenga presente mi familia en Perú, rumbo a mis raíces, rumbo hacia lo que soy ahora.

 

La Luna entreabierta hace notar la noche y desaparecer el día.  Un ciclo constante distinto cada segundo.  La montaña la Concha muy cerca del mar y en el medio me encuentro disfrutando de este lugar.  Las luces cruzando el Mediterráneo me hacen pensar cuando daré un siguiente viaje, un viaje largo se siente venir, un viaje con nuevos comienzos y experiencias, un viaje infinito.

 

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